- Mtra. Alejandra Hidalgo Tenorio
- Agosto 2026
“Te juro que este era distinto.”
Casi siempre lo dices con una sonrisa cansada, a la mitad de la sesión, cuando ya contaste la historia completa y alcanzas a escucharla desde afuera. Otro nombre, otra ciudad, otro trabajo. Y aun así, la misma sensación en el pecho, la misma conversación circular, el mismo final.
Cuando eso pasa dos o tres veces, la explicación más fácil es la mala suerte. Que te tocó una racha. Que los que valen la pena ya están ocupados.
Pero la mala suerte no es tan constante ni tan puntual. Lo que se repite con esa precisión no es azar: es patrón.
Lo que en realidad estás eligiendo
Solemos creer que elegimos a una persona por sus cualidades. En parte sí. Pero, sobre todo, elegimos una dinámica: una manera de estar con alguien que ya conocemos, aunque nos duela.
Desde la mirada sistémica, esa manera se aprende antes de que tengamos palabras para nombrarla. En la familia de origen se define, sin que nadie lo explique en voz alta, cómo se pide afecto, si el conflicto se enfrenta o se evita, cuánto espacio puedes ocupar sin poner en riesgo el vínculo (Minuchin, 1974). Bowlby (1969) llamó a ese aprendizaje el sistema de apego: un mapa interno que seguimos consultando de adultos, casi siempre sin darnos cuenta.
Por eso lo familiar se siente distinto a lo nuevo. Si creciste teniendo que ganarte la atención, alguien que te la da sin condiciones no te parece un alivio: te parece raro. Si aprendiste que el amor viene con intensidad y sobresaltos, la calma se siente aburrida. El sistema nervioso confunde “conocido” con “seguro”, y esa confusión es la que elige.
¿Por qué se sostiene tanto tiempo?
Aquí está la parte que casi nadie mira.
Un patrón no sobrevive años solo porque lo aprendiste. Se sostiene porque algo, hoy, lo alimenta.
- Lo sostiene la complementariedad: quien persigue necesita a alguien que se aleje, y quien se aleja necesita a alguien que persiga. No es casualidad que te encuentres con esa persona; es que ambos encajan en un circuito que ya saben bailar (Watzlawick, Weakland & Fisch, 1974).
- Lo sostienen las lealtades familiares invisibles que describieron Boszormenyi-Nagy y Spark (1973): eso que repetimos por fidelidad silenciosa a nuestro sistema, aunque nos salga caro.
- Lo sostiene lo que ganas con él, aunque cueste admitirlo. Un patrón siempre te ahorra algo: una conversación difícil, el riesgo de que te vean de verdad, la incertidumbre de no saber quién eres si dejas de ser la que resuelve.
- Y lo sostienen las historias que te cuentas. “Así soy yo.” “Es que soy muy intensa.” “Siempre me toca lo mismo.”
Los sistemas tienden a conservar su equilibrio, incluso cuando ese equilibrio duele (Nichols & Davis, 2020). Por eso la fuerza de voluntad, sola, casi nunca alcanza.
Señales de que estás repitiendo un patrón, no teniendo mala suerte
Las personas son muy distintas entre sí, pero la relación se siente igual.
- Terminas ocupando siempre el mismo rol: quien da más, quien persigue, quien resuelve, quien se hace chiquita.
- Las discusiones cambian de tema pero tienen el mismo guion, y sabes cómo van a terminar antes de que terminen.
- Reconoces la misma sensación en el cuerpo —el nudo en el estómago, la urgencia de probar tu valor— con personas y en épocas completamente diferentes.
Las señales estaban desde el principio y las viste, pero les buscaste una explicación amable.
Ya entiendes tu historia, incluso la explicas bien, y aun así sigues actuando igual.
¿Cómo se empieza a mover?
No con una decisión heroica ni con una lista de requisitos más estrictos. Los patrones no se rompen de un jalón; se desarman por movimientos pequeños y sostenidos.
Nombrar el circuito completo, no solo tu parte. Qué lo dispara, quién participa, cómo termina.
Identificar el instante exacto en que se activa: ese segundo mínimo antes de la reacción automática, donde todavía hay elección.
Elegir un movimiento distinto lo bastante pequeño como para que sea posible. No “ya no voy a permitir nada”, sino “esta vez pregunto en lugar de suponer”.
Sostener la incomodidad que aparece después, porque va a aparecer. Cuando cambias tu parte, el sistema alrededor te pide volver a lo de siempre. Ese jalón no es señal de que te equivocaste: es señal de que se movió algo.
Y distinguir un cambio real de una versión más elegante del mismo patrón.
Una última cosa
Entender el patrón es un alivio enorme. Pero entenderlo y dejar de repetirlo no son el mismo paso, y ahí es donde mucha gente se queda atorada: con un diagnóstico propio muy claro y sin un lugar donde practicarlo.
Un proceso terapéutico es justamente eso: un espacio para ver el circuito con alguien de fuera, ensayar los movimientos nuevos y sostenerlos cuando aparezca la incomodidad.
En Hidalgo Psicoterapia acompañamos desde el enfoque sistémico, en consulta presencial en Guadalajara y en terapia individual en línea para quienes prefieren un espacio flexible y confidencial. Cuidar tu salud mental también es esto: dejar de repetir por inercia y empezar a elegir con información.
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Referencias
Bowlby, J. (1969). Attachment and loss: Vol. 1. Attachment. Basic Books.
Boszormenyi-Nagy, I., & Spark, G. M. (1973). Invisible loyalties: Reciprocity in intergenerational family therapy. Harper & Row.
Minuchin, S. (1974). Families and family therapy. Harvard University Press.
Nichols, M. P., & Davis, S. D. (2020). Family therapy: Concepts and methods (12th ed.). Pearson.
Watzlawick, P., Weakland, J. H., & Fisch, R. (1974). Change: Principles of problem formation and problem resolution. W. W. Norton & Company.
Mtra. Alejandra Hidalgo Tenorio
Licenciada en Psicología, Maestra en Terapia Familiar y Terapeuta Familiar. Supervisora Junior. Especialista en Psicoterapia de Pareja Sistémico Humanista.
