- Mtra. Alejandra Hidalgo Tenorio
- Junio 2025
Todas, todos y todes los que tenemos un cerebro, en algún momento, hemos tenido pensamientos catastróficos. Ya sabes: ese diálogo interno tipo “¿y si pierdo el trabajo?”, “¿y si le pasa algo a mi mamá?”, o “¿y si todo lo que hice fue un error gigante?”
Aunque son comunes, estos pensamientos —cuando se vuelven repetitivos, exagerados o desproporcionados— pueden alimentar un estado constante de ansiedad, miedo o parálisis.
Como psicóloga (y ser humano), te comparto 3 cosas que yo NO haría cuando aparecen esas ideas, y por qué es mejor elegir otros caminos.
1. Tomar alcohol para “relajarme”
Puede parecer tentador una copita de vino o una chelita “para calmar los nervios”, pero aunque el alcohol da un efecto sedante inicial, en realidad puede empeorar los síntomas de ansiedad a mediano plazo.
Desde una mirada neuropsicológica, el alcohol disminuye temporalmente la actividad del sistema nervioso central, pero después genera un efecto rebote: el cerebro se activa más de lo normal para compensar, lo que puede intensificar los pensamientos intrusivos y dificultar el sueño (National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism, 2023).
Además, en momentos de vulnerabilidad emocional, usar alcohol como regulador puede llevarnos a depender de él para lidiar con el malestar… y eso, a largo plazo, complica más las cosas.
2. Quedarme sola con mis pensamientos
No, no es buena idea sentarte en silencio a dialogar con tu mente cuando está en modo catástrofe. El aislamiento es gasolina para la ansiedad.
Los pensamientos catastróficos tienden a volverse más intensos cuando los rumiamos en soledad. Sin una perspectiva externa, se repiten como disco rayado y toman fuerza.
Desde la terapia sistémica, entendemos que lo que no se nombra, se convierte en nudo interno. Hablar con alguien de confianza —o en un espacio terapéutico— ayuda a desactivar la espiral y reorganizar las ideas.
Además, la regulación emocional ocurre también en relación: un abrazo, una mirada empática o una conversación contenida pueden calmar nuestro sistema nervioso.
3. Dejar de hacer ejercicio o dejar de comer balanceadamente
Cuando la mente está en crisis, lo primero que queremos hacer es… nada. Pero ojo: dejar de movernos o alimentarnos adecuadamente puede agravar los síntomas de ansiedad y alimentar la espiral catastrófica.
El ejercicio físico, incluso caminar 20 minutos al día, ayuda a regular neurotransmisores clave como la serotonina, la dopamina y las endorfinas, todos relacionados con el bienestar emocional (Harvard Health Publishing, 2020).
Por otro lado, mantener horarios estables para comer, elegir alimentos nutritivos y evitar el exceso de cafeína o azúcar puede marcar la diferencia en cómo pensamos y sentimos. Nuestro cuerpo es parte del tratamiento.
¿Y entonces qué sí hacer?
La buena noticia es que no tienes que enfrentar estos pensamientos sola o solo. La terapia psicológica es un espacio seguro donde puedes explorar:
- Qué detonó esos pensamientos catastróficos
- Qué función cumplen en tu historia de vida
- Cómo frenarlos antes de que tomen el volante
- Y, sobre todo, cómo construir nuevas formas de pensar, sentir y actuar
Desde la psicoterapia, aprendemos herramientas reales, sostenibles y personalizadas. No hay recetas mágicas, pero sí acompañamiento profesional y estrategias efectivas.
Así que recuerda
Cuando los pensamientos se desbordan, no necesitas silenciarlos con alcohol, tragártelos en soledad o abandonar tu autocuidado. Necesitas comprensión, conexión y contención.
Y eso, justo eso, es lo que construimos contigo en Hidalgo Psicoterapia.
¿Estás lista o listo para empezar a ver tu mente desde otro lugar?
Te esperamos con gusto y sin juicios.
Da clic aquí para contactarnos.
Mtra. Alejandra Hidalgo Tenorio
Licenciada en Psicología, Maestra en Terapia Familiar y Terapeuta Familiar. Supervisora Junior. Especialista en Psicoterapia de Pareja Sistémico Humanista.
